En la montaña (y en vuelo), hay MENOS oxígeno
Contrariamente al concepto popular, al subir a la montaña aumenta el volúmen
de aire respirado, pero no su contenido en oxígeno. Todo lo contrario: cuanto
más alto ascendemos, hay menos oxígeno (y otros gases) en cada inspiración.
Esta escasez es compensada por varias respuestas del cuerpo: aumenta la
frecuencia de los latidos del corazón y de la respiración, se modifica la
acidez de la sangre, cambia la presión en la circulación del pulmón, etc..
Con el tiempo, aumenta la cantidad de glóbulos rojos (poliglobulia, o policitemia), para captar mejor el poco oxígeno disponible.
Estos cambios son normales en una persona sana, pero estas mismas reacciones
de adaptación a las condiciones barométricas por altitud pueden favorecer
a asmáticos, alérgicos y otros pacientes, en regímenes de tratamiento adaptativo, ya bien establecidos.
Sin embargo, asimilar rápidamente estos cambios de altitud no es tan fácil para quienes padecen alguna enfermedad cardiocirculatória o neurológica pre-existente, o han atravesado recientemente alguna situación aguda, o una "simple" una gripe...
A veces -por causas que todavía se discuten-, aparecen problemas de desadaptación a las condiciones de altitud, aún en personas aparentemente sanas, y sin razones previsibles.
El ascenso gradual, dormir en el bajo, y otras medidas preventivas del mal agudo de montaña,
pueden ser a veces insuficientes, pudiendo aparecer síntomas: cambios en
la forma de respirar, dolor de cabeza, falta de apetito, náuseas y vómitos,
sueño entrecortado, hinchazón (edema) en las piernas. El edema pulmonar de alta altitud (HAPE) y el edema cerebral de alta altitud (HACE), que aparecen en condiciones extremas, deben ser tratados con oxígeno, seguido de evacuación al llano, o con una cámara hiperbárica
que simule la presión atmosferica normal y que aumente la presión parcial
de oxígeno por encima de lo que sería posible sin ella.
El transporte aéreo somete a los pasajeros y a la tripulación a condiciones
de altitud, aunque el estar sentados y en reposo enmascara sus efectos hasta
cierto punto.
Una comida pesada, una aparentemente moderada cantidad de alcohol, una
enfermedad pre-existente, la convalescencia de un estado agudo, o un estrés
excesivo, pueden crear problemas en la altitud de cabina (presurizadas habitualmente a 2500-3000 metros), que no aparecerían a nivel del mar.
No se recomienda alcanzar esas cotas en cortos lapsos, pero también es
posible crear mejores condiciones corporales para resistir el cambio o hacer
más facil la adaptación, cuando sea necesario ascender rápidamente:
- Tome en cuenta sus intolerancias a alimentos, y evítelos desde varios días antes.
- No consuma alimentos de difícil digestión, inmediatamente antes o durante el ascenso.
- No ingiera alcohol o cafeína (café, té, mate, guaraná, fármacos).
- No consuma lácteos de origen vacuno, si tiene intolerancia relativa a la leche.
- No coma cerdo, jamón o embutidos. Gastan demasiada energía para su digestión, y contienen acidos grasos pro-inflamatorios.
- No consuma hierro hem (sangre, morcillas).
- No fume (el monóxido de carbono bloquea sus glóbulos rojos).
- Beba principalmente agua.
- Considere una pre-adaptación en la altura.
- Mantenga alta la provisión y consumo de oxígeno mediante una actividad física cotidiana.
Varias sesiones de oxígeno pulsado a altas dosis corregirán muchos de los factores agravantes. Al optimizar su status de oxígeno, disminuyen las posibilidades de un incidente de altura.
A la vuelta de su escalada o de su viaje, el oxígeno en ambiente presurizado
lo repondrá más rápidamente a sus condiciones originales -que pueden haberse
deteriorado más allá de lo tolerable- o a un estado aún mejor.
A veces, incluso las personas sanas, como los deportistas y ejecutivos,
notan una diminución de sus habilidades luego de un largo viaje en avión.
Esto se atribuye al jet-lag, pero este término sólo se refiere
al efecto de atravesar varios husos horarios o zonas de tiempo, y no debe
aplicarse a los efectos de la falta relativa de oxígeno experimentada durante
el vuelo.
Los pilotos y tripulaciones también acusan los efectos agudos y crónicos de la altitud, especialmente en períodos de estrés, cansancio o ansiedad. Ni que hablar de los pilotos de combate...
La capacidad preventiva, recuperativa y curativa de dosis de oxígeno levemente
aumentadas en ambientes presurizados está siendo lentamente reconocida por
la ciencia.
Algunos deportistas de alta exigencia también han adoptado
este método optimizador, no solamente luego de volar, sino durante sus entrenamientos
y luego del esfuerzo físico extremo, o como preparación para encuentros en
ciudades situadas en la altura, como Mexico DF, La Paz, Quito, Bogotá, etc..
Dado que los trabajos científicos actuales comienzan a validarlo, y que
está cada vez más difundido y accesible, es hora de generalizar lo que antes
era solamente un secreto de atletas olímpicos, jugadores de fútbol, y deportistas
de elite.