La
teoría de Virchow, en la que cada célula es considerada como si fuese un
ente aislado, que respondería y actuaría como si estuviera sola, ya no puede
ser sostenida.
Las toxinas, bacterias y otros invasores interactuarían con estas
células individuales, que se enferman cuando sus defensas son sobrepasadas.
La enfermedad sería resultado de la destrucción de un gran número de estas
células.
Ricker, en cambio, demuestra ya en 1924 que el estímulo patogénico
necesario para la conversión de un grupo de células saludables en tejidos
enfermos no actúa sobre las células o sobre la pared celular, sino sobre
fibras nerviosas simpáticas vecinas, que a su vez regularán muchas de
las funciones de esa pared celular.
Virtualmente todos los estímulos conocidos, mecánicos, térmicos,
electro-magnéticos, químicos –incluyendo neurotransmisores, hormonas, toxinas,
y microorganismos- llevan a un cambio en la frecuencia y amplitud de los
potenciales de acción de las neuronas simpáticas aferentes.
El estímulo no tiene efectos duradero si el organismo puede
detoxificar el área, o abolir el estímulo de alguna manera (o cuando se facilita
mediante alguna intervención médica).
Sin embargo, si el organismo no tiene éxito en conseguirlo,
el sistema nervioso simpático será activado a permanencia y reaccionará crónicamente.
He aquí la base de la Neuralterapia, una técnica que utiliza la
procaína intra-dérmica, sub-cutánea, intra-venosa y peri-vascular, u otros
anestésicos locales, para depolarizar las células y así interrumpir el estímulo
de las terminaciones nerviosas y los ganglios del sistema nervioso autónomo,
que constituye el sustento de la enfermedad crónica y del desarrollo de innumerables
cuadros agudos.
Algunas técnicas de bloqueo regional para el tratamiento del dolor
o la anestésia son similares, en la práctica, pero terapéuticamente funcionan
de una manera totalmente diferente y más amplia.
Se puede así borrar huellas de antiguas heridas, cicatrices, infecciones,
cirugías o traumatismos, incluído el efecto de partos complicados. Utilizando
procaína a través de distintas vías y en diferentes lugares, según el cuadro
y la historia clínica y odontológica del paciente, se pueden manejar, curar
y eventualmente sanar gran número de enfermedades y cuadros crónicos y agudos.
La Mesoterapia agrega medicamentos convencionales a las inyecciones
sub-cutáneas e intradérmicas, para concentrar el efecto de los mismos sobre
los tejidos inmediatamente subyacentes. Con eso se logra minimizar la dosis
de fármacos y así ahorrarle esfuerzos metabólicos ulteriores al organismo.